martes, 8 de noviembre de 2016

Códigos de Conducta: Necesidad inaplazable

Hace pocos días el director de la Aeronaútica Civil en Colombia, se vio envuelto en un escándalo por haber viajado gratis en avión privado en compañía de algunos de sus funcionarios para ver uno de los partidos que jugó la selección Colombia en Barranquilla para las eliminatorias a Rusia 2018.

Y hace algunos meses, la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, tuvo que responder las críticas por su viaje a los Juegos Olímpicos de Brasil, a donde acudió invitada por el Comité Olímpico Colombiano, según sus explicaciones.

Los 2 episodios, las explicaciones que dieron los funcionarios y la controversia generada en cada caso, demuestran la confusión que tenemos como sociedad, acerca de la conducta que deben seguir los administradores de las empresas públicas o privadas, frente a regalos y atenciones y en general sobre la ética empresarial.

Con frecuencia caemos en el error de creer que todos los miembros de una comunidad, y de una organización en particular, tenemos la misma ética y que los mismos valores y principios rigen nuestras actuaciones, y con ese convencimiento emitimos nuestros juicios. Y nada más lejos de la realidad.

Cada ser humano es único y diferente y está marcado por una serie de experiencias que han determinado sus valores. Ellos dependen de estas y de la familia en la que creció, la religión y partido político al que pertenece, escuela, colegio, universidades donde estudió, pueblos donde vivió, influencias culturales recibidas a lo largo de los años y los seres humanos con los que se ha relacionado.

Si bien partimos de la base de que individuos de una misma nación tienen valores similares, las experiencias individuales pueden distanciarnos profundamente en la escala que cada uno tiene de ellos. Por ejemplo, el consumismo varía de manera sustancial nuestros valores, y en el caso de Colombia la guerra ha hecho que muchos sectores de la población sean condescendientes con cierto tipo de violencia.

Por tal razón, cuando se trate de emitir juicios y sancionar a los funcionarios de las empresas públicas o privadas por esta o aquella conducta, se requiere comprobar que todos los miembros de la organización tienen los mismos principios y valores y el mismo entendimiento sobre la conducta a seguir en el mundo empresarial.

Para garantizar este entendimiento los mejores instrumentos son los Códigos de Ética y de Conducta.

El Código de Ética contempla los principios y valores que reconocen y respetan todos trabajadores. Corresponden por lo general a los derechos universales en concordancia con los derechos de la organización. Es común que se refieran a la honestidad, integridad, libertad, respeto, solidaridad, responsabilidad, confidencialidad, o cooperación, entre otros. Las mejores prácticas aconsejan que este Código sea producto de una construcción colectiva para garantizar su apropiación por parte de todos los integrantes de la empresa.

El Código de Conducta es un instrumento más amplio que además de establecer los principios y valores, estipula normas de conducta dentro de la ética empresarial acordada, las sanciones por su violación, las instancias competentes para determinar estas sanciones y el sistema de verificación de su cumplimiento. 

Como mínimo, debe contemplar las situaciones que generan los conflictos de interés y cómo solucionarlos en cada caso; así mismo es fundamental que contenga la política de atenciones y regalos y, la descripción de aquellas conductas que se consideren fraude y corrupción, sin que se pretenda reemplazar con este Código las leyes vigentes.  

Se trata de que tanto los trabajadores como los terceros tengan claridad sobre estos temas y sepan qué se puede y qué no se puede hacer en cada evento.

Si estos Códigos no existen, o los empleados no los conocen, con frecuencia cometen faltas o se ven involucrados en comportamientos inadecuados y no se les puede reprochar ni sancionar pues no tienen conciencia de la ilicitud de sus actos, o lo que es peor, las costumbres se han relajado y la conducta inapropiada se ha vuelto socialmente aceptada en esas organizaciones.

Por pequeña que sea la organización o aún en el caso de las entidades estatales, atiborradas de normas que les son aplicables, vale la pena hacer el esfuerzo de  construir estos Códigos, para establecer un acuerdo sobre lo fundamental al alcance y comprensión de todos, en lenguaje claro y sencillo, para bien de los empleados, de la organización y de la sociedad en general.



Margarita Obregón








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